Por Ricardo Soberón
Mientras los gobiernos de Europa han sido tomados por movimientos conservadores, nacionalistas y anti migraciones, las sociedades parecen estar despertando de un largo letargo, al menos eso es lo quer ocurre en Francia. Trae reminiscencias de la gran Revolución de 1789, las movilizaciones de Paris (1848) y las de 1968 en Nanterre. La Quinta República se encuentra en un serio riesgo de abrupto final. Tampoco hay que dejar de dar una mirada de reojo a la situación electoral, de cara a las elecciones presidenciales del 2027 y, donde las encuestas favorecen a la líder de Renovación Nacional Marine Le Pen.
Todo empezó con la movilización estudiantil iniciada el 21 de septiembre del 2026, en el Liceo Saint Exupery in Creteil, en los suburbios y Saint Denis al norte de París, por el hacinaniento de los salones y la falta de maestros, un problema bastante frecuente en la educación pública francesa. A ello se agrega una sobre carga curricular que se caracteriza por su rigidez e intensidad. La protesta estudiantil creció atizada por las redes sociales y fundada en la debilidad de la infraestructura educativa (una secuela de la temporada veraniega donde los estudiantes tuvieron que asistir con temperaturas de 38 grados), la falta de oportunidades para gruesas capas de la población jóven. Un balance preliminar arrojaba 1,000 heridos, 715 policías, 215 estudiantes y 85 docentes, pero con escenas muy crudas del nivel de enfrentamiento, lo que refleja el nivel de confrontación entre protestantes y autoridades. Desde el 2022, el gobierno ha tenido hasta 7 ministros de educación, lo que demuestra sus límites. Ahora que salen de vacaciones, el movimiento estudiantil podría perder algo de fuerza, pero ya logró su objetivo: escalar un problema real del sistema educativo nacional y colocarlo en la agenda pública.
Luego la agenda y las protestas crecieron -reflejando el nivel de fracturas profundas en la sociedad francesa que el gobierno de Macron no ha podido resolver- con reclamos más amplios por el costo de vida (combustible, energía y alimentos), por parte de agricultores, maestros, trabajadores de salud, sindicalistas…incluso oficiales de policía. Esto hizo recordar el movimiento de los “chalecos amarillos” que selevantaron contra el gobierno el 2017, por el impuesto al combustible verde. El 17/10 se dio inicio a una movilización que alcanzó el medio millón de personas, que fue mezclada con escenarios de guerra urbana, por el nivel de violencia demostrada. Las protestas se sucedieron a lo largo de todo el país, desde Lille al norte, la gran Paris, Limoges, Tolouse, Bourdeaux, Niza, Rennes, Lyon, hasta Marsella en el sur del país. Diversos testimonios refieren sobre la magnitud y severidad de los daños ocasionados, y algunos piden diferenciar la protestas legítimas de los daños ocasionados por grupos más extremistas que se encargaron de saquear y robar. Un balance preliminar habla deentre 2,000 y 6,000 arrestos, 1,000 policías heridos, faltando que calcular el daño a la propiedad pública y privada, aunque algunos reportes preliminares hablan de 1 billón de euros en pérdidas.
El gobierno de Macron, profundamente debilitado no ha tenido capacidad de respuesta pública, salvo pedir “orden y calma”. Se estima que estamos ante el agotamiento de una década de gobierno, por parte de una jóven promesa que se encargó de exterminar la calidad de los servicios públicos de la sociedad francesa.
No le ha quedado otra que decretar diversos grados de militarización del territorio nacional, ante la gravedad de la situación. Toques de queda, enfrentamientos, para reponder a los destrozos causados. Sectores gubernamentales representados por el Primer Ministro Sebastien Lecornu, y otros de la extrema derecha acusan a movimientos de izquierda -como la Francia Insumisa- por estar detrás de la movilización. Por su parte el líder de dicho partido Jean Luc Melenchón, lo responsabilizó de las protestas, por su incompetencia para gobernar. Ahora bien, veamos algunas lecciones de esta situación crítica.
Primero, el impacto económico: Francia tiene una deuda pública de US$ 4 trillones y la sociedad francesa es reacia al corte del gasto público: el conflicto educativo ha sacado a la luz, los límites del model oexpresado por Macron y su grupo. Segundo, el destino de estas manifestaciones tendrán un impacto electoral, conforme se incrementen las movilizaciones y confrontación, puede favorecer a la euro esceptica Marine Le Pen y su discurso de orden. Pero también esta alentando el incremento de la popúlarida de Melenchon que ya ocupa el segundo lugar en las encuestras, dejando poco espacio para posiciones mas centristas: Philippe, Attal (ex colaboradores de Macron) o el propio Glucksmann, de centro izquierda moderada. Es la política la que ha sufrido una severa derrota en Francia y en el resto de Europa, como lo demuestran las movilizaciones en Portugal, Bélgica, Albania, en circunstancias de la proximidad de un intenso calendario electortal en varios países europeos. En cualquier caso, las perspectivas para el futuro comunitario no son las mejores como parece demostrarlo el caso de España, Alemania e Italia, donde la aparición o predominio de fuerzas nacionalistas y conservadoras, son cada vez más evidentes para el futuro de la UE.