2026: PROSPECTIVA DE LAS RELACIONES ENTRE EE. UU. DE TRUMP Y AMERICA LATINA.

Por: Ricardo Soberón Garrido, analista.

El año 2025 ha sido testigo de los aprestamientos diplomáticos, políticos y militares que ha hecho la administración Trump, viendo la situación integral de América Latina. La reciente publicación de la Estrategia de Seguridad Nacional[1] ha sido determinante para caracterizar el nuevo escenario que enfrenta Washington en su intento de prevalecer en el hemisferio occidental frente a los aprestamientos de China. Ahora, vale la pena identificar algunos elementos prospectivos de la política de Washington en el hemisferio.

El ataque militar a Venezuela para capturar a Nicolás Maduro representa un parteaguas que establece un nuevo período de relacionamiento entre Estados Unidos y los países de América Latina (por lo menos en el período Trump), basados en tres principios de real politik: (i) la región es considerada patio trasero y fuente de criminalidad, (ii) es zona de influencia geopolítica y económica y no aceptará ninguna otra presencia en competencia; y (iii) la diplomacia norteamericana se basa en los hechos cumplidos.

La influencia electoral del discurso y las acciones de Trump ha sido determinante en ciertos casos, para reconfigurar el escenario geopolítico latinoamericano, hacia una derechización evidente de gran parte de la región. Esta se ha dado de forma directa o indirecta, en los casos de Honduras, Argentina (legislativas) Bolivia, Chile y Ecuador, en diversas circunstancias y con matices particulares. Este año, la determinación electoral en los casos de Brasil, Colombia y Perú, además de Costa Rica y Haití, también serán muy ajustadas y la influencia externa puede ser determinante. La injerencia político electoral a través de la prensa abierta y redes sociales, es un instrumento fundamental para derrotar a los movimientos sociales y progresistas.

La continuidad de su política restrictiva y discriminatoria contra la migración en general, y particularmente contra la que viene de América Latina. Pese a que pueda perder el control de alguna de las Cámaras, mantendrá el control judicial y eso le permitirá seguir avanzando en expulsiones, arrestos, operativos policiales. Persistirá y se ahondará el divisionismo en los Estados bajo control demócrata y republicano.

La diplomacia del garrote y los hechos cumplidos. En los próximos meses, Washington no tendrá ningún remilgo en operar militarmente en cualquier parte de la región, de forma abierta o encubierta. En tal sentido, hará del uso de la fuerza o la amenaza de su uso (como ocurrió en el caso de los aranceles), un instrumento de política exterior sin importar la Carta de la ONU, el Derecho Internacional o el hecho que la región sea considerada una zona de paz. Mantendrá sus ataques marítimos a embarcaciones “sospechosas”, su política anti migrante, y volverá a una guerra contra la criminalidad organizada basada en la militarización, una red de bases militares y zonas de interés estratégico, como puede ser Ushuaia, la Amazonía, Galápagos, el Canal de Panamá.

Para ello cuenta con una superestructura de relaciones diplomáticas, militares y policiales privilegiadas en el marco del Comando Sur, en asuntos de inteligencia, donde las FFAA armadas latinoamericanas se han estacionado cómodamente pues cuentan con presupuestos, equipos “modernos” y ejercicios periódicos. Los dos únicos países en los que podría tener alguna contención la nueva diplomacia trumpiana, son Brasil y México.

En la escala global, Trump ha demostrado que aun el uso de la fuerza es el principal instrumento de política exterior, muy superior a la incidencia económica o comercial de China Popular, o incluso la disuasión nuclear con los rusos. Como dijo Díaz Canel, “es la paz por medio de la fuerza”. En ese contexto, el predominio tecnológico, naval y electrónico, le permite operar impunemente en cualquier parte del mundo. Por otro lado, pareciera que ya ha habido una distribución y realineamiento de los campos de intereses entre China, Rusia y EE. UU, en Asia, Europa del Este y el hemisferio occidental, respectivamente.

¿Qué lecciones aprendidas?

La primera y más importante, es que la comunidad latinoamericana no ha logrado cohesionarse política y diplomáticamente, habiéndose fragmentado de una manera aún más peligrosa que en el pasado. Los que tienen la vocería para establecer las pautas necesarias, son Brasil y México, respectivamente. Para ello, deben resolver sus diferencias programáticas y estratégicas.

La segunda y más dolorosa, es que los progresismos latinoamericanos han sido más débiles de los que hubiéramos supuesto y no se han visto reflejados suficientemente en la arena diplomática, ni en situaciones de normalidad y mucho menos en situaciones de emergencia.

La tercera y más importante es que se debe pensar en una urgente readecuación de la fuerza internacional de los movimientos sociales latinoamericanos, sobre la base de principios y prácticas esenciales:

i) Condena a toda forma de intervencionismo

ii) EE. UU constituye una nueva forma de fascismo colonial.  

iii) El debate ya no es en función de la democracia formal y los principios éticos de los Derechos Humanos, sino en relación con nuestra supervivencia como comunidad hemisférica libre, autónoma.


[1] https://2021-2025.state.gov/translations/spanish/presentacion-de-la-estrategia-de-seguridad-nacional-del-presidente/

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