Por: Ricardo Soberón, analista
La reciente derrota de los mid terms, y la entrega de todo el poder del Capitolio al partido demócrata, tendrá una serie de impactos domésticos, estaduales y federales, a partir de enero del 2027. Ellos, serán determinantes para el derrotero político de los EE.UU con miras a las elecciones presidenciales del 2028, donde se percibe el próximo fin de la era trumpista (2016-2026), su posible sucesión (Rubio, Vance, Hegseth u otro), o la simple desaparición política del trumpismo y la renovación absoluta del Partido Republicano. Eso esta por verse, una vez entremos de lleno al período pre electoral presidencial.
Ahora, nos toca analizar los impactos en política exterior. Veamos. En primer lugar, es muy seguro que se producirá el debilitamiento de la figura política de Donald Trump, como principal responsable de la hecatombre republicana.
En sus primeros dos años, Trump ha dirigido una política exterior personal, absolutamente presidencialista, no sujeta a controles ni balances con el Capitolio, pero por decisión compartida con el speaker del Partido Repúblicano. Ahora, el nuevo Congreso y sus Comités auditores podrán poner su atención en los funcionarios de Trump, sus negociadores, sus alfiles políticos, las relaciones estratégicas con magnates de la tecnología (Musk)
Su reciente derrota, tendrá una directa repercusión en su capacidad y habilidad para moldear el derrotero de la política global, mas alla que EE.UU siga siendo aun la mayor potencia militar y tecnologica del mundo. Sus decisiones políticas, comerciales, diplomáticas y militares seguirán siendo determinantes, pero estarán siempre sujetas al escrutinio en su propio país, nada menos que de parte del Congreso. Ese flanco, por lo menos va a distraer la agenda de la Casa Blanca.
Ahora bien, si abrimos el abaníco de relaciones estratégicas que mantiene Washington, segurmanete se mantendrá la tendencia de retracción frente a sus obligaciones con Europa y con otros espacios multilaterales. Pero por otro lado, debemos contemplar que se espera de las relaciones de Washington con China, Rusia, Medio Oriente, Lejano Oriente y el resto del mundo (América Latina). Cada vector ha estado caracterizado por líneas de trabajo que de algun modo se mantendrán y en algunos casos se acentuarán.
Las relaciones con China estan constreñidas por una tregua arancelaria bilateral que dura ya casi un año, en el marco de una redefinición segura de las políticas arancelarias globales, por parte de la Casa Blanca, por sus pobres resultados. El mantenimiento de un estatu quo respecto de los principales problemas geopolíticos tradicionales con China, serán objeto de contención. Seguramente la aceptación y reconocimiento de la capacidad de cada una de ellas de resolvert los asuntos a su manera, en sus propios zonas de influencia (Sudeste asiático y América Latina, en cada caso).
Las relaciones con Rusia, usualmente predeterminadas por la dinámica del conflicto en Donbas, ahora tenderán a ser ampliadas en diversos contextos, políticos, diplomáticos y militares. Seguramente ejercerá presión para lograr un punto político a su favor (el fin de la guerra), que le permita emprender un re equilibrio de la correlación de fuerzas a la interna. Seguramente apostará al actual proceso de dialogo en Abu Dhabi y el mantenimiento de una fría relación con el rpégimen de Ucrania.
El mantenimiento de los privilegios con Israel serán matizados por los cambios ocurridos en el liderazgo de ambos países (Trump-Netaanyahu). Trump mantendrá sus lazos estrechos e íntimos con el sector más conservador de la política israelí, con lo que ello implica respecto de Irán, los colonos, Gaza y el Líbano. La urgencia doméstica de lograr -o no- salir de la guerra en Irán, podrían seguir erosionando profundamente en el ámbito doméstico. El mantenimiento de la cohesión republicana dependerá grandemente de este factor.
En relación a América Latina, los éxitos políticos obtenidos inicialmente -por Trump- con el advenimiento de regímenes cercanos en Argentina, Colombia, Chile, Bolivia, Ecuador, Perú, Panamá, Honduras, Costa Rica y Venezuela, parecen estar dando lugar a un movimiento pendular. Luego de la derrota de Bolsonaro en Brasil, varios de esos mandatarios comienzan a tener problemas legales domésticos que pueden poner en riesgo su gobernanza. De cualquier modo, varios de los procedimientos que se enmarcan dentro del “Escudo de las Americas”, pueden ser objeto de control político en Comités congresales, por su afectación a los DDHH.