Ricardo Soberón, internacionalista.
“Hay que tomar a Trump en serio, pero no literalmente”, contradictores republicanos de Trump.
Son pocas las iniciativas de paz que han aparecido en el horizonte, para Europa del Este desde que se inició el conflicto el 2022, y la más reciente es el último esfuerzo que realiza individualmente la Casa Blanca, en una situación más política y militarmente más complicada para Ucrania. Luego de más de tres años de conflicto abierto, cualquier nueva propuesta debe ser recibida con beneplácito y luego ser sometida a las partes (Kiev y Moscú), pero es necesaria una alta dosis de pragmatismo, para entender la inutilidad de la continuación de un conflicto que ha causado mucho dolor a dos pueblos hermanos; la posición ucraniana, nunca ha sido tan débil en la mesa de negociaciones y se encuentra ante el dilema de aceptar el statu quo, o perder el apoyo norteamericano.
En este sentido se ha conocido de una “propuesta base” en secreto de 28 puntos, que viene siendo trabajada por la Casa Blanca. Los extremos que van entre una paz duradera, estable y digna, como quiere cada una de las partes y la situación cada vez más endeble en el frente de batalla para Ucrania. Existe mucha confusión sobre la actual situación y perspectivas de las partes involucradas, tanto Ucrania, Rusia, como los países de Europa y EE. UU. Existe la posibilidad que en los próximos días se conozca una contrapropuesta ucraniana o europea.
El gobierno de Kiev ha sostenido que un pacto de esa naturaleza pone en tela de juicio la continuidad de la alianza de Ucrania con EE. UU. Por otro lado, el nivel de desgaste a nivel político y militar por parte del régimen de Zelensky, es evidente. Los casos de corrupción y una trama multimillonaria de sobornos dentro de su gobierno -denunciados por su propia Oficina Nacional Anticorrupción-[1] le han abierto flancos muy perversos, entre la sociedad y la política ucraniana[2], donde mediante una moción de censura contra su gabinete de guerra reaparece la figura del líder opositor Petro Poroshenko. El gobierno de Zelenski está con 50% de aprobación, cuando durante gran parte del conflicto estuvo por los 90%. Es evidente la irrelevancia política europea como consecuencia de su falta de posicionamiento y su tibieza en diversos asuntos globales, así como su histórica dependencia a Washington. Los peligros de la continuidad de la guerra en circunstancias que el incremento de los esfuerzos bélicos, atenta contra la capacidad del gobierno de Kiev para sostener sus posiciones.
Recientemente el Departamento de Estado de EE. UU, ha hecho conocer un documento de 28 puntos que materializa una propuesta de alto al fuego que viene trabajando y ha presentado a ambas partes. Se habla de algunos temas: la cesión del Donbás a través de un extraño mecanismo de “arrendamiento” que no es aceptado por ninguna de las partes, la reducción del ejército ucraniano a 400,00 hombres, así como la reducción de la asistencia militar norteamericana, el reconocimiento del idioma ruso y otorgamiento de estatus de protección a la Iglesia Ortodoxa rusa. Queda pendiente la decisión que Ucrania no puede integrarse a la OTAN. Existen otros temas de mayor complejidad, como el destino de los activos rusos embargados, el rol de EE. UU en una futura relación OTAN Rusia, o el establecimiento de un mecanismo de verificación de cumplimiento de los acuerdos (en manos de Trump). De todos modos, se trata de un relativo acercamiento de las propuestas norteamericanas con la postura rusa.
Inicialmente, el secretario de Estado Marcos Rubio ha reiterado la necesidad de concesiones de ambas partes, mientras que líderes europeos, de Japón y Canadá expresaron en el G 20 que el Plan contenía “elementos esenciales para una paz justa y duradera” aunque expresaron sus reservas sobre algunos aspectos del documento[3]. La delegación norteamericana (Rubio, Driscoll y Witkoff) se ha propuesto sostener conversaciones por separado con los ucranianos, lo que caracteriza esta nueva ronda, es que se mantienen reuniones separadas con todas las partes.
Las conversaciones entre los representantes occidentales continuaron en Ginebra, Suiza este fin de semana, para tratar de llegar con un acuerdo sensato al plazo del 27/11 planteado por la Casa Blanca. Por su parte, la representante de la UE Kaja Kallas ha protestado señalando que cualquier plan para que funcione “tiene que incorporar a ucranianos y europeos”. La posición más fuerte ha estado de manos de la delegada comunitaria Ursula Von der Leyen, quien dijo que “las fronteras ucranianas no pueden modificarse por la fuerza”. La pregunta que surge, ¿cuáles son las posibilidades de una posición extrema por parte de UE y Ucrania, que se distancie de la propuesta norteamericana? La influencia norteamericana sobre Ucrania ya no es la misma, y los europeos no han respondido eficazmente ante el pedido de mayor ayuda por parte de Kiev.
Por la parte rusa, se mantienen en lo conversado en la reunión presidencial de Anchorage (Alaska), como el marco político disponible para la continuidad de las conversaciones, aunque posteriormente se conoció de la aceptación del presidente Putin a lo esencial de la propuesta (como base), lo que incluye la reincorporación en el G8 y el levantamiento de las sanciones a su país. Es importante resaltar que las mayores oportunidades de éxito provienen de los esfuerzos que son hechos por fuera del alcance de los medios de comunicación.
[1][1] Relacionan a un socio de Zeleneski, Timor Mindich, a quien se le acusa de haber robado US$ 100 millones de la empresa estatal de energía, y sobre el cual existen audios de conversaciones.
[2] https://www.nytimes.com/2025/11/14/world/europe/zelensky-corruption-investigation.html