LA GUERRA POR LOS RECURSOS NATURALES EN AMERICA LATINA.

Por: Ricardo Soberón, analista

La foto utilizada proviene de: https://elcolectivocomunicacion.com/2016/05/28/guerras-por-los-recursos-naturales/ 

Históricamente, el Hemisferio Occidental desde el Río Grande hasta la Patagonia, ha sido objeto de disputa geo política entre los Imperios europeos y ahora, por los nuevos imperios globales. Desde el siglo XV hasta el XVII, España y Portugal pugnaron por acceder a los metales preciosos, repartiéndose los territorios en partes iguales (Tordesillas, 1494): sucesivas guerras monárquicas se libraron, mayormente en Europa y los mares del Sur, para asegurar el flujo de oro y plata provenientes de los nuevos virreinatos.

A partir del siglo XVIII y XIX Inglaterra y Francia pugnaron por el control de territorios y recursos procedentes de selvas y desiertos: pieles en Hudson, el salitre en el Pacífico y el caucho en las selvas amazónicas. Ni siquiera la independencia norteamericana se libró de esa pugna en 1776, hasta la posterior aparición del concepto del “destino manifiesto”. Los poderes imperiales imperantes apañaron sucesos como bloqueos navales a los nuevos países (Argentina), estuvieron detrás de la Guerra del Pacífico en 1879 y la Guerra del Acre en 1899, para asegurar el suministro de recursos estratégicos para sus propios procesos industriales. Posteriormente, en el siglo XX, EE.UU dispuso el control del territorio a partir de su demanda de materias primas esenciales para su avanzada revolución industrial y tecnológica, para lo cual requería del acero, el petróleo, el cobre. Pero desde 1823 se planteó la Doctrina Monroe bajo la amenaza de una nueva intervención europea, sin embargo, ni en el Pacífico (1866) ni en México (1862) actuaron para ayudar a los países amenazados por España y Francia, respectivamente.Es decir, la Doctrina Monroe tenía otra lectura completamente distinta: era dejar muy en claro a Europa, Asia y el resto del mundo que América Latina era un espacio de influencia de EE.UU.

Nuestras repúblicas y sistemas económicos, fueron construidos sobre la base de la sociedad proveniente de la Colonia, una vieja casta criolla que se apropio del poder y nunca lo devolvió a los pueblos originarios, expoliando sus culturas y territorios. A nivel económico se implemento un sistema primario exportador de materias primas con escaso valor agregado, que dio lugar al recurrente ciclo de los “booms” económicos: salitre, caucho, madera y carbón, petróleo. Solo en contadas ocasiones y momentos se permitieron momentos de tímida industrialización como es el caso de Brasil, México y Argentina, y en menor medida Colombia y Chile.  

Esto pone en disputa la validez del derecho internacional y de principios fundamentales de respeto a la soberanía de los Estados, no injerencia y la autodeterminación de los pueblos, que son la base jurídica latinoamericana que permite la coexistencia pacífica de los 34 Estados latinoamericanos. Sin embargo, la diplomacia norteamericana fue capaz de recrear una arquitectura política y jurídica basada en la defensa de sus intereses, a la cual adhirieron por adhesión, presión o chantaje la gran parte de la comunidad latinoamericana: así surgieron la OEA, el sistema de defensa colectiva (TIAR) y por supuesto, el sistema interamericano de DDHH. Gran parte de las relaciones entre EE.UU y nuestros países está basada en el desequilibrio, el egoísmo, y los intereses unilaterales : la adhesión a la Guerra Fría, la doctrina de seguridad nacional, y la formas occidentales de democrática. En realidad, todos esos mecanismos funcionaron a discreción y bajo la tutela de Washington: ocupaciones militares diversas en los primeros años del siglo XX, promoción de golpes de estado directo, el inhumano embargo sobre Cuba, las sanciones sobre Venezuela y diversos personajes públicos latinoamericanos, la implementación de diversas formas de lawfare, las invasiones militares como las de Panamá, Granada, el abandono norteamericano a Argentina en la guerra de las Malvinas (1982). ¿Cual es el fundamento ético, jurídico y filosófico de la pretensión norteamericana para hacer lo que le venga en gana en materia política, diplomática, financiera, económica y militar sobre la región? Ninguno. La Doctrina Monroe y la subsiguiente doctrina donroe no tienen ningún asidero que pase por encima las normas de respeto entre naciones.

Desde enero del 2025, estamos ante la forma mas descarada de intervencionismo y apropiación que ha tenido poder hegemónico alguno sobre la comunidad latinoamericana a lo largo de toda la historia: la extorsión, la amenaza a países independientes, la arbitrariedad arancelaria demostrada por Donald Trump, amparada alrededor de su Doctrina de Seguridad Nacional, sus diversas ordenes ejecutivas para combatir la criminalidad y por sobretodo, por las acciones unilaterales sobre aguas internacionales y sobre países independientes. Hoy en día a puesto en juego un nuevo sistema de relaciones y de alianzas bajo el esquema del “Escudo de las Américas”, para contener la presencia china, alejar a América Latina de sus propios intereses equidistantes y no alineados y someter a los países a sus compras militares, inversiones extractivas y su dependencia financiera. Ha suscrito acuerdos para la extracción de minerales de tierras raras en diversos países, mantiene una arquitectura militar que le permite garantizar el predominio estratégico sobre el resto del mundo.

Nunca antes, los países de América Latina ha estado en tal nivel de indefensión que solo puede ser descrita como un escenario hemisférico neocolonial, de dependencia y pérdida de soberanía nacional, en cada caso: ni sus clases políticas, ni sus pueblos manejados por discursos y medios proclives a EE.UU, y mucho menos unas FF.AA que se arrastran para gozar de un estatuto “extra OTAN”, tienen la lucidez para entender el triste rol que nos toca jugar.  

Artículos Relacionados

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *