Por Ricardo Soberón
El principal mecanismo e institución de América Latina se encuentra en cuidados intensivos, pese a estar celebrando el 56 período de sesiones de su Asamblea General en la ciudad de Panamá, con la participación de los 33 estados miembros. Además, en esta oportunidad se celebra el bicentenario del Congreso Anfictiónico de 1826, en la misma capital del istmo.
El contexto geopolítico hemisférico, no puede ser más favorable parea la Casa Blanca: luego del secuestro de Nicolás Maduro y la intervención militar en Venezuela, mas de la mitad de sus miembros tienen gobiernos absolutamente adeptos a los designios de Trump. ¿Será quizá por ello que no necesita mas a la OEA?
En los últimos años, la OEA ha venido perdiendo peso específico para prevenir, evitar, confrontar y resolver los grandes acertijos políticos que han aquejado al continente: problemas bilaterales, multilaterales de diversa índole, pero sobretodo su falta de proyección en la construcción de un discurso colectivo común, en los grandes temas globales.
En especial, no ha sabido pronunciarse frente a los actos unilaterales perpetrados particularmente por los EE.UU desde la ascensión de Trump y su escalada criminal contra la migración latinoamericana, la lucha tan desigual contra el crimen organizado y el establecimiento de su “Escudo de las Américas”, que mas parece una plataforma de injerencia hemisférica que avala injerencias, bloqueos, extradiciones, expulsiones y una política migratoria que atenta contra los propios instrumentos de DDHH. Sufre de múltiples problemas de gestión, y la reciente denuncia/despido de diplomáticos norteamericanos, ademas de los graves problemas financieros incrementados por la decisión de Trump de reducir su aporte, lo que la enfrenta a una situación de verdadera “asfixia financiera” para el cumplimiento de sus funciones.
Existen serios cuestionamientos éticos a su actual Secretario General, el surinamés Albert Ramdin, y la reciente designación por la Casa Blanca del Embajador Leandro Rizzuto Jr, un multimillonario de la cosmética que ha sido confirmado por el Senado de su país, lo que ha llevado a la renuncia o despido de la plana mayor de la misión norteamericana en la OEA. Rizzuto plantea alejar a la OEA de los temas políticos para dirigirla a los temas más económicos, a conveniencia de Trump. El actual Secretario General, designó como jefa de gabinete a Xaviera Jessurun una funcionaria de Surinam que está investigada por actos de fraude, corrupción y lavado de dinero. Incluso le fue retirada la visa diplomática a EEUU.
La OEA se ha convertido mas bien en una caja de resonancia de las decisiones que ha adoptado en cada caso la administración norteamericana cuando se trata de temas complejos sobre la democracia, pero ni aun así tiene garantizada su sostenibilidad presupuestal; cada año Washington debe entregar US$ 47 millones, -la mitad del gasto corriente de la institución- para sostener sus dependencias y a 500 empleados. El presupuesto norteamericano del 2027 no tiene previsto un monto para la OEA.
Por otro lado, el sistema de defensa colectiva del TIAR, ha devenido en simbólico e irrelevante: las mayores decisiones se toman en la sede del Comando Sur en Florida y no en la sede de la OEA (en Washington). Quizá la parte del sistema que ha permanecido mas activa se refiere al sistema interamericano de DDHH que pese a sus álgidos problemas ha seguido sosteniendo la esperanza de miles de ciudadanos, jóvenes, indígenas, defensores de DDHH, en todo el hemisferio.
En estas circunstancias, es muy posible que enfrentemos un escenario de muerte lenta de una institución que seguirá reduciéndose a la nada, y como decían los viejos estrategas: “divide y reinarás”, mientras América Latina no decida por si misma su destino, no podremos tener una posición propia y autonoma.