Por: Ricardo Soberón Garrido, analista.
Desde mediados del siglo XIX, Bolivia, Colombia, Chile, Ecuador, Perú y Venezuela, constituyen una unidad geográfica esencial, desde la perspectiva histórica de nuestros pueblos. Un análisis de los principales acontecimientos ocurridos en el siglo XIX y XX, dan cuenta de los intentos no siempre exitosos de construir Estados nación unitarios, sobre los que han pasado guerras civiles, guerras externas, convulsiones de diversa índole así como crisis económicas cíclicas. Hoy en día, aparte del debilitamiento de los Estados, las capacidades de construir plataformas colectivas regionales está puesta en duda: cada quien “baila con su pañuelo”, pero ello debilita mucho las capacidades de interlocución colectiva: tan solo Mercosur y en menor medida CELAC, sobreviven a las tensiones internas del bloque latinoamericano.
Cualquier intento de mantener una cierta coherencia regional a partir de aspectos económicos, políticos o de seguridad, ahora no son posibles. Los pactos de integración o el libre comercio se han debilitado por decisiones unilaterales, como las de Trump en materia arancelaria (abril 2025); hoy en día el debate entre proteccionismo y libre mercado no tiene un ganador claro. Por otro lado, las estructuras tradicionales de seguridad hemisférica se han diluido en una visión unilateral donde prevalece la “ley del mas fuerte”, como lo demuestran los ilegales ataques unilaterales en aguas internacionales de América Latina. Entonces el dilema radica en el ámbito político. Un análisis preliminar del escenario regional en los tres niveles, dan cuenta de esa imposibilidad.
Veamos. En primer lugar, la ruptura de las relaciones comerciales a partir del establecimiento de aranceles entre Ecuador y Colombia, ha hecho estallar el comercio intrarregional, que se acumula frente a las decisiones tomadas hace muchos años por Chile y Venezuela, respecto de la CAN. La Comunidad Andina de Naciones se encuentra en una situación terminal, no solamente por su imposibilidad de reaccionar frente a los avatares de los mercados globales sino a la poca cooperación y articulación entre sus miembros más activos, así como el incumplimiento parcial de sus decisiones. Perú, Ecuador, Boliovia y Chile se ven sometidos a las pujas comerciales de la Ruta de la Seda frente al modelo norteamericano.
En segundo lugar, el esquema del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) ha caído en desuso y ha sido reemplazado por la denominada “Doctrina Donroe” norteamericana, ante el silencio cómplice de muchos gobiernos conservadores y algunos “progresistas”. Todas las modificaciones que ocurren luego de la ofensiva contra los migrantes y sospechosos de traficantes, por parte de Trump, están modificando completamente la arquitectura de la seguridad en el hemisferio. Desde el lado de la guerra contra la criminalidad y la migración Noboa en Ecuador y Kast en Chile, se convierten en los adalides de la “mano dura”. Una cuestión es clara, el problema de la inseguridad sigue siendo un pendiente regional, en donde ni la mano dura ni el garantismo absoluto parecen asegurar resultados sostenibles.
Ahora vayamos al elemento de naturaleza política. Perú, Bolivia y ecuador son los países con menor desarrollo institucional de la región: les queda sin resolver viejas rencillas entre sectores populares-indígenas y las clases dominantes. Colombia y Chile eluden de algún modo este profundo deterioro.
¿Cómo y que aprender de las experiencias del MAS en Bolivia, la Revolución Ciudadana en el Ecuador y el Pacto Histórico en Colombia, además de los frustrados proyectos de Humala y Castillo en el Perú?
Lo primero que podemos plantear, es que la capacidad de construir proyectos políticos permanentes en el tiempo ya no son posibles, bajo riesgo de caer muy cerca a proyectos autoritarios.
Lo segundo, estamos condenados a movernos cíclicamente en un péndulo entre progresismo y conservadurismo, que nos obliga a identificar aquellas propuestas que son indispensables cualquiera sea el gobierno: por ejemplo, el cierre de brechas sociales, la estabilidad económica, la mejora de la prestación de servicios público, la protección del ambiente, la Amazonia y el agua.
Lo tercero, debemos aprender a convivir en un escenario que es objeto de disputa comercial económica y militar, entre China y EE.UU y más nos conviene actuar concertadamente antes que en forma solitaria. Por diversos motivos no nos conviene tomar partido al cien por ciento, por ninguno de los dos.
Aparentemente, en el futuro, los sistemas políticos en la región andina, trascenderán las coordenadas tradicionales de izquierda derecha, para re configurarse desde un mayor o menor autoritarismo/democracia en un escenario de convergencia de diversas formas de extractivismo económico, legal e ilegal. Por otro lado, el nivel de desconfianza de la población hacia lo político es muy grande y la necesidad de orden y trabajo brinda todas las posibilidades para la aparición de diversas formas de populismo. Mientras tanto, problemas críticos de la región como el deterioro de la Amazonia o la propia inseguridad siguen sin ser debidamente atendidos.