GROENLANDIA: LA RUPTURA DE LAS RELACIONES TRANSATLÁNTICAS.

Por: Ricardo Soberón Garrido, analista

La amenaza de imposición de aranceles a Dinamarca y los países que la apoyen en el bloque europeo, es un hito más dentro del desgaste que se ha alcanzado no solo en la forma de funcionamiento del orden internacional, sino también las brechas que separan entre Bruselas, Copenhague y Washington, sobre varios asuntos internacionales, pero más particularmente ahora, sobre la propiedad definitiva sobre Groenlandia. Definitivamente, si algo ha caracterizado este período de Trump 2.0 es el uso indistinto de la amenaza militar con lo que algunos llaman “gangsterismo” arancelario. Hay un evidente agrandamiento de las distancias prácticas y políticas entre Washington con cada una de las capitales europeas, como lo ha referido el presidente Macron en su reciente intervención en el Foro Económico Mundial de Davos[1]. Como lo refieren algunos think tank como Rand Corporation, se está abriendo una era de Globalización Estratégicas, caracterizada por una suerte de interdependencia armada promovida tanto por China, como por EEUU[2]

La excusa que utiliza el presidente Trump para apropiarse de la isla, son las supuestas pretensiones comerciales, logísticas o estratégicas de Pekín o Moscú sobre la isla y el conjunto de la zona Ártica, una zona de clara influencia rusa. Es evidente que hay un factor de competencia geopolítica detrás de todo el problema de Groenlandia e incluso más allá en el Mar del Norte.

¿Esto pudiera llevar a algún tipo de intervención militar?

No creemos que sea necesario, pero no se descarta un despliegue de algún tipo, toda vez que además de su importancia económica, Groenlandia tiene una ubicación privilegiada por el tema del mantenimiento de la Ruta del Ártico durante el invierno del norte (entre Asia y Europa, a través del norte de Alaska bordeando Groenlandia), para lo cual es necesario contar con la fuerza de los rompehielos, que permita mantener abierta dicha ruta. Sin embargo, las consecuencias de una segunda acción militar unilateral internacional por parte de EE. UU, serían innegables en el proceso de deterioro de las relaciones internacionales. Más que una extracción, sería una intervención quirúrgica para reocupar instalaciones y ejercer derechos de soberanía, frente a terceros.

Las relaciones entre EE. UU. y Europa empezaron a desgastarse antes de las “guerras arancelarias” desatadas por Trump. El descalabro empezó con la exigencia legítima de Trump -como candidato- de solicitarles que inviertan los mínimos en defensa y seguridad, particularmente sus cuotas periódicas para el sostenimiento de una OTAN sobre extendida. Durante gran parte de su existencia, la OTAN dependió logística, operacional y financieramente de los EE. UU: el paraguas nuclear, el despliegue rápido de fuerzas, las capacidades satelitales, entre las más importantes. En opinión de Trump, EE.UU ha hecho mucho más por la OTAN que a la inversa, particularmente en relación con el artículo 5; sin embargo, la única vez que fue invocado fue luego de los ataques del 11 de setiembre del 2001[3].

El momento no podía ser más inoportuno. La atención sobre la importancia de las rutas del Ártico es muy grande. Es por ello que quizá y tomando en cuenta el carácter transaccional de la política exterior de Trump es que todas sus declaraciones respecto de Groenlandia, atizadas por la evidencia del acto militar del 3 de enero en Caracas, puedan servirle como un factor de presión sobre Dinamarca, para llevarla a una mesa de negociaciones en condiciones más favorables para Washington, de las que ya son.


[1] https://cnnespanol.cnn.com/2026/01/20/mundo/video/macron-davos-mundo-sin-reglas-sot

[2] https://www.rand.org/pubs/commentary/2026/01/the-eu-needs-a-plan-for-the-age-of-strategic-globalization.html

[3] https://www.cbsnews.com/live-updates/trump-white-house-press-briefing-davos-greenland/

Artículos Relacionados

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *