EEUU, IRAN Y MEDIO ORIENTE.

Por: Ricardo Soberón, analista.

Han aparecido muchos problemas y contradicciones, alrededor de la decisión del 28 de febrero de Trump de iniciar una guerra asimétrica contra Irán, es decir la operación “Epic Fury” a la que él llama una “excursión”. No solo por la dificultad de encontrar una causa justa que explique la decisión dentro y fuera de EE. UU, sino también sobre la forma aventurera de afrontarla en el día a día, y sobre todo, la forma y el momento de como ponerle fin, cuestión que progresivamente escapa al control del propio Trump y su entorno. Estos dilemas, ponen en riesgo sus posibilidades electorales en noviembre del 2026, al haber cohesionado la oposición demócrata dentro y fuera del Capitolio.

El dilema de Washington es: ¿dejar que ocurra una continua escalada o hallar una vía de salida negociada con Teherán, más allá de una lejana rendición incondicional? Adicionalmente, y a modo de anécdota, resulta muy poco serio la forma del presidente Trump de manejar los acontecimientos a través del uso masivo de sus redes sociales, como si fuera un video juego, con frases altisonantes, chocantes en las relaciones con aliados, enemigos y neutrales, y, carentes de toda veracidad y lógica.

En el camino el Departamento de Guerra y el Departamento de Estado produjeron múltiples errores tácticos, estratégicos, en la gestión militar y en el campo político, que en primer lugar ponen en discusión el concepto de lo que es una victoria clara: para Israel, debilitar de cualquier forma a Irán, para EE.UU, eliminar su programa nuclear, sus fábricas de drones, el cambio del régimen de los ayatolas, para Irán, su triunfo radica en la mera supervivencia del régimen. En ninguno de los casos previeron los posibles efectos no deseados: aumento de refugiados, enfrentamientos con países vecinos, frustración pública en sociedades islámicas, dislocamiento económico global incluidos los mercados financieros.  

Los mismos problemas los comete la actual diplomacia noorteamericana en otras regiones del mundo, en el caso de Africa, con el manejo del principio “trade no aid” para seguir suministrando algún tipo de ayuda humanitaria (i.e HIV a cambio de minerales de tierras raras), o en el caso de América Latina, la acuñación del principio de “la paz mediante el uso de la fuerza”, como se desprende del “Escudo de las Américas” y la acogida a militares norteamericanos de sus proxies en Argentina, El Salvador, Paraguay y Ecuador, en  un claro ejemplo del ejercicio de la diplomacia de la extorsión y el chantaje.  

Luego vinieron problemas sobre vinientes para los esfuerzos militares realizados por EE.UU e Israel (aparte del enorme costo de la operación calculado en US$ 16.5 billones en solo los primeros 12 días), como la extensión de la guerra al resto de Oriente Medio, la falta de cohesión y apoyo alrededor de los miembros de la OTAN para colaborar en la seguridad en el Estrecho de Ormuz, que ponen en tela de juicio el futuro de la propia alianza atlántica. Vale decir que la iniciativa iraní radica en controlar el paso y no haber puesto aun minas de las que no hay marcha atrás o posibilidad de escoger quien pasa. Mientras el Departamento de Guerra esta pensando solicitar US$ 200 billones adicionales para costear la guerra y el suministro de municiones.

Así también ,se han producido efectos no queridos, de rebote alrededor de la crisis de precios del petróleo, gas y fertilizantes a escala global, la exención temporal de las sanciones a las exportaciones rusas de combustible (de US& 59 a US% 100 el barril), el rechazo europeo a los planes militares de Trump, para citar los más saltantes. Europa es de las regiones mas perjudicadas, pues además de perder capacidad y fuerza respecto de Ucrania (menos capacidad de misiles Patriota), han tenido que hacer uso de sus reservas petrolíferas para sostener el incremento del precio al haberse impactado los canales de transporte de combustible y abrirse una competencia con Japón, Corea del Sur e India, por los mismos compradores de crudo. Esto sin duda afectará en el mediano plazo las cifras de crecimiento económico e inflación en el continente europeo, además de las perspectivas de crecimiento económico global y hasta las perspectivas de mitigación del cambio climático. En definitiva, la situación generada confirma la poca seriedad e irresponsabilidad de la Casa Blanca y el Departamento de Estado en manejar asuntos complejos.

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