Nosotros, ciudadanos latinoamericanos nos dirigimos a las comunidades democráticas de América Latina y el mundo, para denunciar y alertar una peligrosa tendencia en el Hemisferio.
Se vienen produciendo profundos cambios políticos en la mayoría de países de la región primero Argentina, Ecuador, los más recientes, Honduras, Venezuela, Chile, Perú, Colombia, y posiblemente Brasil, que dan lugar a regímenes formalmente democráticos, pero que se comportan de modo amenazantes, autoritarios, conservadores que han conquistado el poder (no siempre) por vías democráticas y con el apoyo de los grandes poderes fácticos en la prensa, los empresarios y unas Fuerzas Armadas locales que hace rato modificaron su doctrina institucional sobre sus roles de defensa de la soberanía e integridad territorial a cambio de las nuevas amenazas decretadas por la Doctrina Donroe y el Escudo de las Américas.
Estos cambios, no son casuales sino que resultan de una bien pensada estratégica, política, mediática y operacional pensada desde las agencias de seguridad e inteligencia en EE.UU que reviste las características de lawfare y guerra psicológica de viejo cuño para desmontar toda señal de progresismo y reforma en los Estados nacionales.
Además, están hechas para echar por tierra las diversas conquistas constitucionales, políticas y sociales que fueron hechas en esos países, en el pasado reciente: procesos constituyentes, programas sociales, estándares nacionales e internacionales de DD.HH, alejamiento de los sistemas internacionales de protección a los DD.HH, entrega de beneficios económicos y sociales a las FFAA latinoamericanas, entre otros.
Además, el objetivo de fondo de la Casa Blanca resulta siendo el interés por alejar la presencia económica y comercial de China en la región y asegurar el control de los recursos minerales estratégicos, desde el agua dulce, hidrocarburos y otros combustibles fósiles, minerales de tierras raras, para lo cual han realizado acciones de enorme presión política, el uso de la amenaza y la intimidación, hasta el impulso y reestructuración de una nueva arquitectura de presencia militar en todo el Hemisferio.
Esta nueva ola conservadora se caracteriza por el ablandamiento de las políticas exteriores nacionales en favor de i) toda iniciativa geopolítica que provenga de Washington (quiebre de UNASUR, CELAC, ii) apoyo irrestricto a las acciones militares de Israel en Gaza y Líbano, iii) inmovilidad y silencio frente a las acciones de EE.UU en Venezuela que implicaron el secuestro de su presidente, iv) silencio frente a los bombardeos en aguas internacionales, v) incremento de los despliegues militares, ejercicios (UNITAS, RIMPAC) hasta la amenaza o posibilidad de intervenciones directas,
En materia política interna se refleja en: el debilitamiento o la simple desaparición de las formas democráticas esenciales (balance y equilibrio de poderes, transparencia y rendición de cuentas), la aplicación de políticas de “mano dura” como en El Salvador y Ecuador, la ejecución de políticas económicas favorables al extractivismo, la inversión extranjera, principalmente aquella que no sea china (Panamá, Argentina y Chile). Ya comenzaron con el uso desmedido de los estados de excepción, para facilitar la criminalización de la protesta social, cualquiera sea su manifestación.
Esta vuelta al pasado de la Seguridad Nacional y el enemigo interno durante la Guerra Fría, resulta siendo mas grave que el período de las dictaduras militares en el Cono Sur de América Latina en la década de los años 70.
Porque ahora viene apañada por la política abierta y con apoyo supuestamernte “popular” de la interferencia y amenazas directas del gobierno de Donald Ttrump que ha modificado toda su doctrina de intervención en el hemisferio, para favorecer el logro de la paz mediante el uso de la fuerza, como lo señaló su coalición anti carteles, la declaración de organizaciones narco terroristas y su nueva Doctrina de Seguridad Nacional, (noviembre 2025).
La referida situación de riesgo y amenaza a la propia Carta Democrática Interamericana, los principios de soberanía, no injerencia en asuntos internos, América Latina como Zona de Paz, que constituyen pilares del Derecho Internacional propiciados históricamente por América Latina durante el siglo XIX y XX, debe ser analizada, denunciada y rechazada por todos los medios posibles en foros públicos locales, mecanismos de control y fiscalización nacionales, y en espacios internacionales
Lima, 9 de julio del 2026
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