Por Ricardo Soberón, analista
Existe la necesidad de pasar una revisión exhaustiva sobre Europa, su rol en el mundo, sus vínculos con los principales actores internacionales, en un contexto donde cada vez queda más claro el alejamiento de su socio histórico: EE.UU. Debemos partir por reconocer la distinta importancia que Bruselas les da a sus relaciones con Washington, con Beijing, con Moscú y con los principales actores del Sur Global, incluidos América Latina y África. Su principal instrumento, el Global Gateway, hasta por 300,000 millones de euros, se convierte en el combustible que articula sus relaciones en el mundo y su proceso de sinceramiento de su actual dependencia mineral con China.
Todo parece indicar que nunca antes se habían reducido tanto las relaciones y la importancia de los vínculos comunitarios hacia el exterior. Con EE.UU, prácticamente es una situación de subordinación a los dictados de Trump en materia comercial y de seguridad, bajo la premisa de los actos unilaterales que realiza Washington, antes y después de la Conferencia de Seguridad de Munich. El sometimiento de los miembros de la OTAN y la necesidad de reemplazar a la brevedad la brecha en equipos y recursos de Europa frente a EEUU.
En relación con América Latina, tenemos dos escenarios interregionales desde una perspectiva de multilateralismo y gobernanza global, ambos, intereses de ambos bloques: el escenario político y el escenario comercial. En el primero de ellos, se produce en un “nuevo mundo” marcado por las decisiones unilaterales de Trump que afectan de distinto modo a ambos bloques. La realización de la IV Cumbre UE CELAC realizada en noviembre del 2025 en Santa Marta, solamente contó con la presencia de 9 de 60 jefes de estado lo cual da cuenta de la fragmentación y la debilidad de la relación. Dista mucho del objetivo fundamental que desde su inicio buscaron ambos bloques: el logro de una autonomía política en el global. En la década de los 80 prevaleció una necesidad de acercamiento entre Europa y América Latina basado en temas de interés común el fin de los conflictos en América central, la democracia y los derechos humanos.
De parte europea, el temor expresado por las posiciones de Trump respecto a los aranceles sumado a la decisión de considerar el hemisferio occidental como espacio estratégico para los EE.UU. La actual fragmentación y polarización ideológica que se vive en el mundo, no ayuda en lo absoluto, pero por el otro la perdida de importancia del discurso hacia América Latina en la propia Europa, por el aumento de gobiernos conservadores. Posición anti migratoria, y por el temor a chocar con la posición política y militar de Washington, como significó la intervencipón del 3 de enero y el secuestro del presidente Maduro.
En el segundo aspecto, el paso del ´período ALCA y TLCs con EE.UU, hacia un periodo de bloques que impulsara la competencia, resultaba un reto. Cualquiera de los instrumentos planteados con los socios europeos resulta con efectos muy limitados. Incluso el advenimiento de problemas pre existentes en los instrumentos comerciales con MERCOSUR, con México (TLCUEM), denominado el “acuerdo modernizado”. Este último por ejemplo, es objeto de crítica por su excesiva protección a los inversores, en desmedro de la población local: se trata del mecanismo Investor State Dispute Settlement (como alternativa al CIADI), que deja en manos de tribunales internacionales el arreglo de controversias. Además, promueve un modelo extractivo, debilita la producción agrícola (en favor de la importación de carne y productos lácteos) y favorece la relocalización de industrois europeas en territorio mexicano provocando emergencias sanitarias y ambientales.
El largo periodo de negociación poco transparente de 25 años de duración, precisamente se debe a las diferencias de apreciación entre ambos bloques en materia comercial: el mantenimiento de un modelo que mantiene las asimetrías existentes: solo el 2019 se conoció el íntegro de sus contenidos; finalmente se firmo el 17 de enero del 2025 en Asunción, Paraguay.
Todos estos factores han llevado a que desde el 2016, la UE ceda su posición a China, como principal socio comercial de MERCOSUR. La búsqueda de una tercera vía al modelo chino y norteamericano, aun se encuentra pendiente con la decisión del Parlamento Europeo de otorgar el carácter provisional a la suscripción. Se mantiene un modelo primario: combustibles, minerales, aceites y ceras minerales, semillas y frutos oleaginosos. El Acuerdo no asegura una adecuada transferencia tecnológica a los países del MERCOSUR. Uno de los sectores mayormente afectados al interior del bloque sudamericano será el automotriz, que es el actual vínculo entre los acuerdos al interior de MERCOSUR. Mientras, el virtual ganador será el agro negocio que priorizará el “big business” de la exportación y dejará a sus anchas a la pequeña agricultura familiar. Por otro lado, se mantiene un régimen de salvaguardias y cuotas de importación para el jugo de naranja, carne, arroz, azúcar, entre otros.
Entonces, ¿Cuáles son los retos de una sana y equitativa relación comercial y política entre América Latina y Europa?
En primer lugar, saber ubicarse con realismo y pragmatismo en el nuevo escenario global de confrontación entre EE.UU y China, donde al menos una de las partes (sino las dos) se encuentran en medio del sándwich. Es el caso de la disputa entre ambos bloques por tierras raras en América Latina: EE.UU ha dado cuenta del enorme interés geopolítico que se centra en esos 17 minerales, en su intento de cerrar la profunda brecha que aun conserva China (depósitos por 44 millones de tm, control del 70% de la extracción y producción mundial), que lo han llevado a suscribir acuerdos, presionar salidas de empresas o proyectos chinos e incluso de justificar la intervención armada en Caracas.
En segundo lugar, como se señaló en un evento sobre extractivismo en América Latina, realizado en el Perú, no debemos creer el punto sobre el carácter de indispensable de nuestros territorios, para el abastecimiento mundial; deben prevalecer cuestiones como el ordenamiento territorial y la vigilancia ambiental comunitarias