Por: Ricardo Soberón, analista
Las relaciones entre Colombia y Ecuador sufren de un nuevo capítulo de deterioro que ha llevado a diversas medidas unilaterales y tiene varias causas comerciales y políticas, pero una resulta fundamental. Se trata de las abismales diferencias políticas e ideológicas entre los gobiernos de los presidentes Daniel Noboa y Gustavo Petro, aunque algo similar ya ocurrió en el pasado. Estas además han sido y son atizadas por la diplomacia y los intereses norteamericanos en América Latina para lograr sus propios objetivos geo políticos en la región, esto es, la de aislar y/o debilitar los bloques progresistas que quedan. Como veremos más adelante, esto no es nuevo.
Noboa es un empresario bananero de pensamiento conservador, absolutamente involucrado en los esfuerzos de Donald Trump contra los inmigrantes latinoamericanos y a favor de una lucha militar contra el narcotráfico, reflejados en la nueva Doctrina de Seguridad Nacional norteamericana y la Doctrina Donroe. Además Noboa es un fiel creyente de la aplicación de la “mano dura” para enfrentar la crisis de seguridad en su país, y en tal sentido participa activamente en la Coalición anti carteles y el proceso del “Escudo de las Americas” recientemente acordados en Miami. Hace pocos días se desplegó la operación “Southern Seas” en aguas adyacentes ecuatorianas -heredera de la operación militar “Southern Spear” que el 3 de enero secuestró a Maduro desde Caracas- que incluyó la presencia del portaaviones Nimitz, en otra modalidad de intervencionismo e injerencia. El presidente progresista Gustavo Petro esta a cuatro meses de terminar una gestión exitosa como el último presidente progresista de la región andina, que ha conducido una política antidrogas bastante efectiva -en los términos que demandan los tratados internacionales- y que además, ha sido capaz de resistir los ataques de Donald Trump (incluyendo investigaciones fiscales norteamericanos por vínculos con el narcotráfico), pese a que su país sigue siendo el mayor productor mundial de cocaína.
La última vez que ocurrió un impase de este tipo entre los dos países, fue en marzo del 2008, durante el período del progresista Rafael Correa en el Ecuador y el presidente conservador Alvaro Uribe en Colombia. En ese entonces, eran frecuentes las disputas y acusaciones entre uno y otro. Se trató de la realización de la “Operación Fenix” por parte de militares colombianos en territorio ecuatoriano, que determinó la muerte de Raul Reyes comandante de las FARC. En aquella oportunidad, también se produjo un quiebre de las relaciones bilaterales, con algunas amenazas de tensión adicionales.
En términos de seguridad en las fronteras y lucha contra la criminalidad organizada, la situación actual es muy compleja: el territorio del Ecuador atraviesa un incremento visible de la presencia y acción de las bandas organizadas, tanto colombianas como ecuatorianas y mexicanas en su camino de procesar y exportar cocaína; todas las cifras e indicadores de seguridad en Ecuador se han deteriorado, provocando la respuesta militar del Estado, para lo cual ha contado con el apoyo político y logístico de EE.UU. Ecuador es el hub de salida de la cocaína por mar la misma que es suministrada de la triple frontera bilateral: los manglares de San Lorenzo, los páramos de Carchi y las selvas de Sucumbíos siguen constituyendo un área de acción de diversos grupos armados y disidencias, de ambos países.
En el mes de marzo se realizó una operación militar en la frontera por parte de tropas ecuatorianas que contaron con el apoyo norteamericano y que ocasionaron los restos de una bomba en territorio colombiano. Noboa acusa a Colombia de no tener el mismo compromiso que su gobierno, para combatir la criminalidad asociada al narcotráfico. Por su parte, Trump en su nueva cruzada de Guerra contra las Drogas 2.0, además de entregar equipos policiales y militares, también presta el mismo tipo de cooperación tecnológica y de inteligencia a Ecuador, que en el caso de México determinó la muerte de “El Mencho” en Sinaloa, México. Además, Noboa está de acuerdo con similares atribuciones de arbitrariedad estadounidense que desde septiembre del 2025 conduce el bombardeo cinético de mas de cincuenta lanchas en aguas internacionales y la muerte de mas de 160 personas, sin cargos, ni el debido proceso legal. La verdad es que el negocio del narcotráfico se sigue moviendo por el territorio ecuatoriano, es mas entre 2020 y 2025, hasta ocho cargamentos de cocaína han sido descubiertos en cargvamentos de bananos de empresas de la familia Noboa.
En cuanto a Colombia, los departamentos fronterizos de Nariño y Putumayo configuran uno de los escenarios privilegiados de la industria de producción de cocaína. A pesar de las importantes cifras que presenta Petro, la carga del narcotráfico y los niveles de violencia e inseguridad en el territorio colombiano, siguen constituyendo un problema no resuelto, pendiente para el próximo gobierno colombiano (¿Iván Cepéda?)
Toda esta compleja situación ha sido llevada al terreno comercial, en detrimento de la Comunidad Andina y las relaciones comerciales entre ambos países, particularmente en los pasos fronterizos binacionales. Ecuador ha utilizado inconsistentemente las mismas políticas atribuidas a Donald Trump en el escenario global: el uso político de los instrumentos arancelarios, con tan pocos resultados prácticos. El 1 de febrero Ecuador empezó a aplicar una tasa de 30% por servicio aduanero, para financiar incremento de medidas de seguridad en la frontera. Inmediatamente anunció la subida de aranceles hasta el 50% y luego al 100% para las importaciones procedentes de Colombia. En el plano bilateral, no solamente recorta un importante comercio bi regional, sino que provoca retaliaciones colombianas como el corte del suministro energético al Ecuador. En el plano multilateral significa el fin de la Comunidad Andina de Naciones, espacio de integración imperfecto pero que era superviviente de una época de integración económica regional. Visto en un contexto más regional, Trump el Pentágono, el Departamento de Estado y el Comando Sur despliegan una complicada mezcla de soft power y hard power en cada país de la región y en ese contexto, instrumentaliza la lucha contra el narcotráfico para prevenir, denunciar, amenazar y actuar. Su objetivo es impedir el crecimiento de la presencia china, debilitar a los progresismos latinoamericanos (México, Brasil, Colombia) Lamentablemente, del otro lado, tenemos una mayoría de países y gobernantes (Millei, Kast, Noboa, Paz, Rodriguez) absolutamente carentes del mínimo sentido de la autonomía e independencia.