Por Ricardo Soberón, analista.
En un interregno mundial de incertidumbre y fragmentación provocada por la aparición de Trump, la competencia por la hegemonía entre EE.UU y China se encuentra en un nivel expectante, donde uno viene cayendo y el otro viene creciendo de forma evidente,a pocas semanas de la Cumbre entre ambos mandatarios en Beijing. Aunque el 2026 parece ser un año de relativa estabilidad en la confrontación del sudeste asiático, esto puede ser tan solo un espejismo de confrontaciones mayores.
En muy poco tiempo se han producido cambios sustantivos en las capacidades y limites de ambos países, particularmente para los especialistas en cada campo, desde lo estrictamente geo político, los asuntos en lo económico y comercial, el dominio de lo militar e incluso en el campo espacial, donde el programa Artemis compite con su contraparte china. Como señala la propia Doctrina de Seguridad Nacional, diciembre 2025: “The days of the United States propping up the entire world order like Atlas are over.”
En segundo lugar, debemos entender la distinta posición que ocupa cada uno de estos países a lo largo del ciclo histórico de las naciones. EE.UU tiene 250 años de existencia como un Estado nación, en donde se ha producido la Revolución Industrial tecnológica, la aparición del capitalismo y su forma más extrema formas de imperialismo a escala global. Mientras tanto China, territorio y unidad político cultural con más de 3,000 años de historia. Distintas cualidades y capacidades de subsistencia, persistencia en la escala global.
En el campo geopolítico, encontramos diversas formas de predominio. EE.UU ha ejercido en el último siglo una forma de hegemonía, basada en la supremacía político militar sobre el resto de naciones bajo el esquema del destino manifiesto, la defensa formal de ciertos valores universales y el predominio de un modelo económico financiero basado en su moneda nacional. Su participación en dos hecho globales como fueron la primera y segunda guerra mundiales le permitieron consolidar esa situación. Pero desde hace algunos años, EE.UU viene perdiendo influencia global y regional en diversas agendas, lo que le obliga a tomar decisiones unilaterales como las que se han tomado en las dos administraciones Trump.
El caso chino es distinto; intenta revertir una débil situación en el siglo XIX bajo el alcance del Sur Global y los BRICs. Bajo un esquema político y económico completamente cohesionados aunque rígidos, la sociedad china alberga la mayor cantidad de población mundial, tiene la mayor capacidad manufacturera y un creciente desarrollo tecnológico. Por su parte el Estado mantiene el control sobre la economía y la toma de decisiones.
Las equivocas decisiones tomadas el 2025 por la administración Trump -especialmente en el terreno comercial-, respecto de aliados históricos como Europa, Canadá y Australia, ha ocasionado un serio distanciamiento de sus alianzas políticas, comerciales y militares que no consideran más a Washington como un aliado confiable. Ello ha obligado a sus gobiernos a impulsar un cuidadoso acercamiento económico con Beijing, en busca de mercados para sus productos. Como dijo la Canciller canadiense Anita Anand: “In this moment of economic stress for our country, it is necessary for us to diversify our trading partners, and to grow non-U. S. trade, by at least 50 percent over the next 10 years,”
En el campo militar, EE.UU mantiene una hegemonía global debido al enorme gasto que realiza en materia de seguridad y defensa, con niveles tecnológicos aun no superados. Sin embargo, en pocos años, el Ejercito Popular de Liberación ha crecido de forma notable y hay muchos aspectos en los que ya equipara las capacidades cuantitativas y cualitativas de los norteamericanos. Las capacidades militares pueden medirse en distintos segmentos: por ejemplo, capacidad nuclear en donde EE.UU aun prevalece con creces a las capacidades chinas en una particular circunstancia: las tres potencias se encuentran en un proceso de modernización de sus arsenales mientras que el marco normativo START se encuentra debilitado. Otro campo interesante es la capacidad naval donde en pocos años podrán estar empatados en varios elementos (flotas de mares azules); otro es el campo tecnológico y satelital, donde China ha recortado ventajas históricas que mantenían los norteamericanos.
Durante mucho tiempo el centro de atención de la disputa geopolítica militar entre China y Occidente estuvo focalizada en los acontecimientos en Corea y el estrecho de Taiwán, pero ahora ni siquiera están presentes en la nueva Estrategia Nacional de Seguridad. La situación generada con el conflicto en Ucrania y en Irán pueden representar una ventana de oportunidades para la recuperación de Taiwan, algunos calculan para el 2027.
Además de lo que ocurre en otros escenarios, particularmente el sudeste asiático y el Medio Oriente proveedor de combustible fósil, donde la competencia entre ambas potencias adquiere niveles muy particulares. También es necesario entender el rol que cumple América Latina. En esta región China ha sacado una importante ventaja en cuanto a inversiones, infraestructura y proyectos económicos, bajo el manto de la Ruta de la Seda.Es por ello, que la nueva Doctrina Donroe esta diseñada para evitar reducir y controlar la presencia china: cables submarinos a Chile, el manejo de puertos en Panamá, la administración de telescopios, observatorios y puertos espaciales en Argentina, Chile y Perú.
En el campo comercial y económico, las cifras no son comparables: China tiene capacidades que superan a las de EE.UU, en términos de PBI, de presupuestos, de niveles de inversión. Las formas de aproximación a los asuntos económicos son muy distintos. La enorme capacidad manufacturera de China no puede ser confrontada por EE.UU ni sus socios en ASEAN.
Mientras EEE.UU privilegia las ganancias y utilidades, China prioriza la oferta de desarrollo económico compartido: así, el comercio con América Latina y el Caribe ha pasado de US$ 12 billones el año 2000, a US$ 315 billones el 2020. La hegemonía china en materia de energías renovables es evidente: 74% de los grandes proyectos de energía solar y eólica proceden de ese país, comparados con el 5.9% de origen norteamericano.
Sin embargo, aun EE.UU rige el sistema financiero global originado en Bretton Woods, aunque este se encuentra en franco retroceso. A propósito de la aparición de los BRICs y luego mas evidentemente con la guerra en Irán, comienzan a aparecer formas alternas de pago que manejan yuanes en vez de dólares. Parece inevitable el aumento del proceso de desdolarización mientras que EE.UU sigue recurriendo a la emisión de moneda sin respaldo para solventar su abultada deuda pública. Finalmente hay un otro segmento de la competencia entre ambas potencias, que es el espacial en donde nuevamente se reproducen los mismos patrones de acelerado acercamiento y cierre de brechas tecnológicas: