PERÚ, CHINA Y EE. UU.: ¿ESTAMOS EN LA MESA O SOMOS PARTE DEL MENU?

Ricardo Soberón, analista

Existen algunos elementos importantes para los países periféricos y medianas potencias, como es el caso peruano, para reacomodarse de algún modo, en el actual concierto mundial. En los últimos meses, han ocurrido diversos hechos que plantean un gran reto al país. El presente artículo analiza cada uno de ellos.

En nuestro caso, hay varios elementos que debemos tomar en cuenta: no solamente somos el segundo productor de cocaína, aunque bastante lejos de Colombia. Es decir, ahora vamos más allá de un aspecto de criminalidad con la que tradicionalmente giraron las relaciones entre EE. UU. y Perú. Es en estas circunstancias que aparece el nuevo embajador norteamericano en el Perú, Bernie Navarro, quien presionó para comerse una hamburguesa con el presidente Jerí, cuando recientemente éste había comido una comida china con un empresario de esa nacionalidad comprometido con inversiones en infraestructura, que lo ha llevado a una seria investigación congresal (que de continuar podría causar sanciones mayores para el presidente Jerí). Inmediatamente, el nuevo embajador de Washington ha puesto la valla alta al señalar que habría una supuesta pérdida de soberanía para el Perú, al aceptar paquetes financieros chinos[1]. Esto semanas antes de la llegada del secretario de Estado, el propio Marco Rubio a nuestro país.

Veamos. Por un lado, tenemos la existencia de un convenio privado entre una empresa china – Cosco Shipping Port Chancay Perú S.A.  y el Estado peruano para el manejo del mega puerto de Chancay, que está protegido por la legislación internacional sobre inversiones (CIADI). Recientemente un fallo judicial, avaló la posición de la empresa china, en el sentido que el Estado no puede supervisar las instalaciones del puerto, que ha sido construido por capitales privados, si intervención financiera del Estado[2]. Frente a esto, el Departamento de Estado twitteó:

Preocupado por últimos reportes de que Perú podría quedar sin el poder para supervisar Chancay, uno de sus puertos más grandes, que está bajo la jurisdicción de propietarios depredadores chinos. Apoyamos el derecho soberano del Perú a supervisar la infraestructura crítica en su propio territorio. Que esto sirva de advertencia para la región y el mundo: el dinero chino barato cuesta soberanía.

Esta discusión ocurre en circunstancias que toda la fuerza de la influencia norteamericana en América Latina está dirigida precisamente a alejar la influencia china del hemisferio occidental. Esto lo pueden atestiguar distintos países: desde Panamá que fue obligado a declarar la inconstitucionalidad del convenio de manejo de puertos que se articulan al canal de Panamá, hasta la Argentina que dio marcha atrás en el manejo de un enorme telescopio en la Patagonia. 

Al momento de cerrar este artículo se realiza la Conferencia de jefes de Defensa del hemisferio occidental (10-11 de febrero), donde el secretario de Defensa Pete Hegseth ha dicho:

“Nosotros, al igual que ustedes, queremos —y lograremos— una paz permanente en este hemisferio. Por lo tanto, colaboremos con nuestras fuerzas armadas: ejercicios, entrenamiento, operaciones, inteligencia, acceso, bases, sobrevuelos, lo que sea; trabajemos juntos”,

Tenemos el reciente anuncio de la decisión de soportar el financiamiento para la construcción de la nueva base naval para la Marina peruana que reemplace a la actual Base Naval del Callao, a cargo del Departamento de Estado norteamericano, hasta por un monto de US$ 15000 millones en una zona muy cercana a la del puerto de Chancay, manejado por la empresa china. Entonces tenemos un dilema, nosotros y de soberanía pura: debemos optar por el mantenimiento de la principal infraestructura portuaria al Asia solo puede ser atenuada aceptando la presencia militar norteamericana en la construcción y el desarrollo de la principal base naval peruana.

En el caso peruano, tenemos la necesidad de pensar en construir diversas coaliciones para negociar colectivamente con los grandes que desarrollan políticas hiper imperialistas. Algunos analistas comienzan a referirse a un intercambio de las situaciones (swap) en Ucrania por Venezuela, entre los presidentes Trump y Putin, en sus respectivas zonas de influencia. En el caso peruano se trata de mantener un equilibrio en nuestras relaciones con Beijing y Washington.

Luego tenemos un segundo dilema. Es el tema de la compra de los cazas militares de nueva generación, donde la Fuerza Aérea peruana debe escoger pronto entre tres modelos, el sueco, el francés y el americano. Pese a que el Proyecto de Inversión menciona un monto de US$ 3500 millones de soles para la compra de 24 cazas, existen muchas presiones de los norteamericanos para que el Perú escoja el F 16, pese a que su oferta es por 12 cazas y no 24 (que costarían US$ 7000 millones). Aunque tradicionalmente, la política exterior peruana, históricamente ha guardado una equidistancia con las superpotencias, sin embargo, recientemente el premier Alvarez deslizo que la compra de aviones responderá al liderazgo de EE. UU.

Este es un segundo dilema que no responde a la gran interrogante militar del Perú: ¿Qué armamento le garantiza mayor autonomía, operatividad y soberanía, el sueco, el francés o el norteamericano? Recordemos que existen hechos históricos que acreditan que EE. UU no ha sido un amigo confiable: la intervención en la decisión de Leticia, su intervención en 1941 para el protocolo, y luego, en 1982 con el asunto de las Malvinas

Otro elemento es la decisión del gobierno del presidente Trump de escoger a Perú como aliado extra-OTAN. La solicitud se hizo en noviembre y se hace efectiva ahora, lo que pareciera resultar sumamente conveniente para los intereses de las FF. AA peruana, que les permite estar acoplados a un sistema de operaciones occidental, con posibilidades de cooperación, entrenamiento y financiamiento, como el que tienen Colombia, Argentina y Brasil. Pero la verdad que históricamente el Perú no ha sido un amigo confiable, en la década de los 70 el Perú fue el primero en adquirir armamento soviético, cuestión que siguió hasta avanzada la década de los años 90 (Mig 29 a Bielorrusia). Por otro lado, nuestro país ya es parte de un sistema interamericano de defensa, que si bien también esta manejado por los norteamericanos, corresponde más a la realidad latinoamericana.  A la luz de los intereses peruanos a nivel diplomático, no resulta conveniente ser parte de ese mecanismo.

Cada país del hemisferio se debe proteger mejor en distintos aspectos: energía, alimentos, defensa, economía, vistos separada y colectivamente y el Perú no escapa a esa verdad. El concepto occidental de value based principles, obliga a operar en política exterior, entre los principios y el pragmatismo. Como dijo el canciller canadiense en Davos, existe la necesidad de calibrar nuestras relaciones lo que llama broad engagement sobre la base de una geometría variable (China, EE. UU., UE, Rusia, BRICs), de acuerdo con el tema los escenarios y la posición que ocupamos; alianzas coyunturales, si quieren oportunistas, de acuerdo con cada tema. “Strength of our values, value of our strength” dijo el primer ministro canadiense. Algo similar debe ser aplicado en el caso peruano: estamos en un espacio de disputa comercial, geopolítica y tecnológica entre dos rivales con los que tenemos muchas relaciones. Por lo visto, y luego de haber leído este artículo, no parece quedar muy claro a las autoridades peruanas, si estamos sentados en la mesa o simplemente somos parte de un menú más grande.


[1] https://rpp.pe/economia/economia/megapuerto-de-chancay-estados-unidos-se-pronuncia-sobre-regulacion-en-puerto-dinero-chino-barato-cuesta-soberania-noticia-1675445

[2] https://rpp.pe/economia/economia/pj-falla-a-favor-de-cosco-shipping-ositran-no-podra-supervisar-todas-las-operaciones-del-megapuerto-de-chancay-noticia-1674704

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