NO A LA GUERRA EN LAS AMERICAS.

Ibán de Rementería

Corporación Ciudadanía y Justicia

El pasado 7 de marzo el Presidente Donald Trump convocó a un conjunto de doce presidentes de las Américas, que le son afines ideológicamente, a la primera Cumbre Escudo de las Américas en Miami, en su residencia de Doral, donde se llegó a un acuerdo para formar una alianza destinada a combatir el narcotráfico y el crimen organizado, lo que Trump describe así: “Acordamos usar fuerza militar letal para destruir estos siniestros carteles y sus redes terroristas”.

Pues, sobre el uso de la letalidad para tratar el asunto de las drogas en la región ya tenemos una dilatada y contundente experiencia con la doctrina del Presidente Ronald Reagan (1981-1989) de la “guerra contra las drogas” basada en la tolerancia cero a su consumo, la doctrina publicitaria de Nacy Reagan postulaba:  “a la droga solo dile no”, que era complementada con la estricta aplicación de la ley penal y la militarización de las acciones de interdicción, así como, la reducción de los tratamientos al consumo. Estas políticas de drogas de los EE.UU. no solo se centraron en su situación interna, sino que además se desplegaron por todas las Américas, ya que las “drogas vienen de afuera”.

La guerra contra las drogas que afectó a todas las Américas tiene como antecedente y modelo al fracasado modelo de la “ley seca” que imperó en EUA entre 1920-1933, experiencia frustrada pero que instauró como modelo de gran operador de las redes y los carteles de drogas, al traficante de alcohol Al Capone, quien terminó en la cárcel, mientras que la ley fue derogada a causa de los desastres que produjo.

Si bien Colombia ha vivido una guerra civil soterrada desde 1948, cuando es asesinado el carismático líder liberal Jorge Eliecer Gaitán, hasta el presente.  En los años 70 durante el proceso de cartelización de las redes internacionales de drogas, en particular de clorhidrato de cocaína, los colombianos adquieren preponderancia, que entre otras cosas desplaza de esos mercados ilícitos mundiales a los narcotraficantes chilenos,  en ese proceso adquiere relevancia y notoriedad Pablo Escobar quien por lo mismo se ve obligado a pactar con el estado colombiano, luego se induce el rompimiento y viene la guerra que impone la doctrina Reagan, desde allí el saber y la política para el control de drogas fue la guerra contra los carteles y Escobar muere en combate. Entonces los carteles colombianos son desplazados por los mexicanos. Por la situación política es difícil determinar los costos materiales y humanos, pero se puede estimar que la guerra contra las drogas ha costado algo así como 450.000 muertes en Colombia.

La Revolución Mexicana (1910-1917) transformó la estructura y las instituciones económicas, sociales y políticas de ese país, e instauró el poder hegemónico del Partido Revolucionario Institucional (PRI) durante todo el siglo XX, hasta que en 2000 lo pierde con Vicente Fox del PAN (Partido de Acción Nacional) de derecha, quien es reemplazado por Felipe Calderon en 2006 del mismo partido, este a diferencia de su antecesor lanza una terrible ofensiva contra los carteles de las drogas, la cual será continuada a partir de 2012 por Enrique Peña Nieto, del PRI nuevamente, en  2018, quien continúa la sangrienta guerra contra las drogas, se puede estimar que esta guerra ha costado desde 2004 unas 350.000 muertes y 100.000 desaparecidos. La complejidad de esta guerra contra las drogas se ve bien reflejada en el hecho por el cual Genaro García Luna, ex Secretario de Seguridad México, líder operativo de esta guerra contra el narcotráfico de los gobiernos de Calderón y Peña Nieto, refugiado después de su gestión en EE.UU para su mejor protección, luego ha sido condenado allí a treinta y ocho años de privación de libertad por haber sido informante y colaborador del Cartel de Sinaloa, que fuera liderada por Joaquin “el Chapo” Guzmán, también encarcelado en EUA.

El tercer país recientemente más afectado por la guerra contra el narcotráfico es Ecuador, país caracterizadamente tranquilo, con muy bajos indicadores de violencia delictual, no obstante, la tasa de homicidio el pasado año 2025 se elevó a cerca de 10.000 casos, en su gran mayoría debido a  conflictos relacionados con el narcotráfico, convirtiéndolo así en uno de los países con más altas tasa de homicidio del mundo, 50,9 homicidios por cada 100.000 habitantes, cuando la media mundial es de 6,9. Fuerzas militares estadounidenses ha colaborado activamente con las fuerzas regulares ecuatorianas en la persecución de los carteles de las drogas y varias regiones han sido declaradas bajo toque de queda nocturno.

Otro país que ha padecido tanto los altos niveles de conflictividad y violencia por la guerra contra las drogas, así como por los excesos de las fuerzas policiales es Brasil, que en octubre del año 2025 durante un operativo policial en unas favelas populares de Rio de Janeiro son muertos 132 vecinos, presuntamente narcotraficantes y cuatro policías. En este país solamente en el año 2025 se registraron 44.000 muertes y 57.000 desapariciones.

América Latina y el Caribe es la región más violenta del mundo, con 24,7 homicidios por cada 100.000 habitantes, además de la 50 ciudades más violenta del planeta 42, están aquí, en cambio, los EE.UU. solo tiene 5 homicidios por cada 1000.000 habitantes, siendo así uno de los países menos peligrosos del mundo, nosotros tenemos 6 homicidios solamente.

Sobre los EE.UU en el asunto de drogas es de destacarse también, que en cuarenta estados de los cincuenta que conforman la Unión Americana existen diversas modalidades de expendio y consumo de drogas para el consumo personal no controlados penalmente, si bien es cierto que en la mayor parte de los casos esa permisibilidad solo está permitida en los casos del cannabis, tampoco se debe olvidar que el 90% del consumo de todas las sustancias controladas es de aquella. Además, lo claro a no olvidar es que en los EE.UU. no hay algo así como una guerra contra las drogas y el narcotráfico, que perturbe la vida cotidiana de los estadounidenses.

Desde el pasado año, los únicos actos de violencia pirata en el hemisferio han sido realizado por las fuerzas militares regulares de los EE.UU, naval y aérea, en aguas internacionales del Caribe y el Pacífico, han sido de “interdicción letal” aplicada en el hundimiento de 45 embarcaciones menores que supuestamente transportaban drogas, causando además 130 muertes entre sus tripulaciones.

Decíamos más arriba que el pasado 7 de marzo el Presidente Trump había convocado a una reunión de doce selectos presidentes de las Américas, donde era notable la exclusión a la misma de Brasil, Colombia y México, por la importancia poblacional, económica y política que esos países tienen en la región, así, como por el rol destacado que dos de ellos juegan en la producción y tráfico de drogas.

Ese día el Presidente Trump durante la realización de la cumbre “Escudo de las Américas” (Shield of the Americas), poniendo como testigos a los presidentes de Argentina, Bolivia, Chile, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Honduras, Guyana, Panamá, Paraguay, Perú, República Dominicana y Trinidad Tobago, donde se destacaron figuras como el presidente de Argentina, Javier Milei, de El Salvador, Nayib Bukele, de Ecuador, Daniel Noboa, y el presidente electo de Chile, José Antonio Kast, en ese acto planetariamente transmitido,  el convocante procedió a firmar el documento Compromiso para Contrarrestar a los Carteles (Commitment to Countering Cartel Criminal Activity.The White House), en el cual se proclama lo siguiente: “(1) Los cárteles criminales y las organizaciones terroristas extranjeras en el hemisferio occidental deben ser desmantelados en la mayor medida posible, de conformidad con la legislación aplicable. (2) EE.UU.y sus aliados deben coordinarse para privar a estas organizaciones de todo control territorial y acceso a la financiación o los recursos necesarios para llevar a cabo sus campañas de violencia. (3) EE.UU. entrenará y movilizará a las fuerzas armadas de las naciones aliadas para lograr la fuerza de combate más eficaz necesaria para desmantelar los cárteles y su capacidad de exportar violencia y ejercer influencia mediante la intimidación organizada. (4) Estados Unidos y sus aliados deben mantener a raya las amenazas externas, incluidas las influencias extranjeras malignas provenientes de fuera del hemisferio occidental.

El trasfondo del  documento de convocatoria a la Cumbre Escudo de las Américas sería “La nueva estrategia de seguridad nacional de EEUU”, que en su primer deseo convocante afirma que: “Queremos proteger a este país, a su gente, su territorio, su economía y su estilo de vida de ataques militares e influencias extranjeras hostiles, ya sea espionaje, prácticas comerciales depredadoras, tráfico de drogas y personas, propaganda destructiva y operaciones de influencia, subversión cultural o cualquier otra amenaza a nuestra nación”.( National Security Strategy of the United States of America November 2025).

Según lo informó el Departamento de Estado: “Esta histórica coalición de naciones trabajará conjuntamente para impulsar estrategias que pongan fin a la injerencia extranjera en nuestro hemisferio, a las pandillas y carteles criminales y narcoterroristas, y a la inmigración ilegal y masiva”. Esa de destacarse que en los hechos ninguno de los gobernantes de las américas testigos de la solemne firma del Presidente Trump suscribió el referido documento.

Por todos los antecedentes anteriormente vistos y ante toda esta voluntad de despliegue de guerra en nuestros territorios nacionales, la única y contundente respuesta de las naciones de las américas conducidas moralmente por los países que se abstuvieron de comprometerse con esta guerra contra el crimen organizado, el narcotráfico y las migraciones ilegales es el deber de organizarse y movilizarse para decir en todos los podios nacionales e internacionales, los medios de comunicación, así como, gritar por las calles y las plazas: ¡NO A LA GUERRA EN LAS AMERICAS!

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